Relato sobre mi camino hasta el instituto:

Hace poco más de dos días, me pasó algo rarísimo viniendo al instituto.

Me levante esa mañana y como de costumbre, vino mi madre y me despertó, desayune, me vestí, me lave la cara, los dientes y el pelo y salí de mi casa. Y viniendo para el instituto, decidí venir por un camino diferente, por un callejón un tanto más oscuro y misterioso que el resto. Y a medida que me iba adentrando más y más me iba dando cuenta de que no había ni un alma en ese callejón, lo cual era lo más normal a las ocho en punto de la mañana. Pero esa mañana era diferente, era algo más... siniestro.

De repente, de detrás de un contenedor de basura apareció un enorme perro negro rabioso, con pinta de querer descuartizarme. Así que me disponía a correr cuando escuche que alguien me llamaba, ¿cuál fue mi sorpresa? ¡Estaba hablando con un gato! El gato me pidió que le siguiera por una especie de laberinto de mitad de la ciudad, pero era distinto, era como si el tiempo no transcurriera. De pronto, paramos e intente dialogué con ... el Gato.

-Esto... ¿puedes entenderme?-. Pregunte con voz temblorosa.

-Perfectamente-. Respondió el gato con total normalidad.- Da igual eso ahora, debes saber lo que ocurre.

-¿Pero que está pasando?¡¿QUÉ PASA?!-. conteste desesperado ante tanta confusión.

-Una sombra oscura está intentando apoderarse del planeta, empezando por esta ciudad... Yo... me escape de su ejercito cuando estuve a tiempo, porque no puedo seguir de su parte, y alguien tiene que hacer algo.

El Gato siguió relatando que la Sombra Oscura quería esclavizar a la humanidad para conquistar el planeta, que el Gato era un fugitivo de su ejercito, que eran de otra dimensión, y muchísimas más cosas rarísimas.

-De acuerdo, te ayudaré.- dije mientras me ponía en pie y me dirigía hacia una especie de arco por donde habíamos entrado para entrar en ese escondrijo. Entonces, escuche como el gato me gritaba a lo lejos:

-¡EH! ¡ESPERA!...¡NOOOOOO! ¡POR AHI NO!

-¿QUÉ PASA? ¿QUÉ...?

De repente, me desperté.

Me había quedado dormido en un banco y, curiosamente, un gato me estaba arañando la cara. ¡Todo había sido un sueño!

Así que, me incorpore un poco mareado, retire al gato de mi regazo, lo acaricie y me dirigí de nuevo al instituto, aunque, curiosamente, el gato me seguía.

Contamos lo que vemos:

Esta tarde, Carlos había quedado con su novia, Cristina, para ver una película en el cine
Carlos estaba terminando sus deberes, cuando de pronto, su amiga, Paula, lo llamo para hablar un rato. Pero claro, Paula hablaba hasta por los codos; y como además Carlos era muy despistado, se pasaron más de media hora hablando por teléfono. Cuando Carlos se dio cuenta de lo tarde que era ya, colgó rápidamente. Se vistió con lo primero que encontró en su armario y se fue corriendo al lugar donde había quedado con Cristina. Ésta, al verle, se echo a reir a carcajada limpia, pero después le echo la bronca a Carlos por llegar tarde.
Al final, no le fue muy mal la tarde a Carlos. Después de la película, Cristina le perdono y fueron a tomar un helado.

Descripción de mi habitación:

Mi habitación en sí, es una habitación grande, pero claro, si la compartes como es mi caso, no parece tan grande.

Enfrente de la puerta, justo enfrente, al lado izquierdo de la ventana, esta mi mesa, más a la izquierda, una cómoda, y encima de esta, la TV (televisión), Y luego, más a la izquierda, en la esquina de la habitación, la mesa de mi hermano. Luego, está claro, un rincón que queda entre la ventana y las literas, ese es el rincón-trastero, donde están las bicis y los juguetes de mi hermano.

Detrás de la puerta, al lado izquierdo del armario, está el segundo rincón-trastero , donde guardo mi posesión más valiosa, mi guitarra eléctrica, y como no, más juguetes de mi hermano.

Encima de la mesa de mi hermano, hay cinco estanterías cargadas tanto de cuentos infantiles y figuritas de mi hermano, como de mis novelas y cómics favoritos. Hay también una sexta estantería, al lado de mi cama, aunque la uso como mesita de noche, por eso la llamo "mi estantería de noche", ya que yo duermo en la cama de arriba.

Carta de amor:

Amigo mío:
Necesitaba hablar de esto contigo de una vez. Ya sé que somos muy buenos amigos y que hemos echado muy buenas tardes los dos juntos, haciendo payasadas y tal... Pero, desde que te conocí, noté una sensación muy rara cuando estas cerca, y aunque me daba miedo darme cuenta, no puedo contenerlo más. ESTOY ENAMORADO DE TI, y me tiembla el pulso escribiendo esto, créeme. Es muy raro, lo sé, nunca me ha pasado esto antes, pero es lo que siento. No sé, empecé a sentir algo muy fuerte por ti aquella segunda tarde que nuestros amigos fueron al cine y se olvidaron de decírnoslo y estuvimos solos los dos, sentados en unas tuberías en un descampado viendo como se ponía el sol. Recuerdo que se me dibujaba una sonrisa en la cara cada vez que me mirabas de aquella manera y se me disparaba el corazón, recuerdo que estaba nervioso, pero no sabía porqué... Y a partir de ese día, te veía con otros ojos, con una luz especial que me aceleraba el pulso y no me permitía sacar el valor para hablar contigo como antes.

Espero no perderte nunca. A pesar de esto, si tú no quieres, no pasa nada; pero solo te pido una cosa, no nos distanciemos nunca.


Einhard.

Miguel Hernández's project:

Glogster:

(en colaboración con Ginesa):


Recitación de Elegía a Ramón Sijé de M. Hernández:




Diario de un pícaro:

Llegué aquí hace unos meses, a la tierra donde todo el mundo decía que era el paraíso, había oportunidades por doquier... Pero no es así.

Estoy tumbado en un cartón con varias ramas por encima en un descampado a las afueras de una ciudad. Me duele todo el cuerpo, cada vez me siento más débil.

Escribo esto con mis ultimas fuerzas con la esperanza de que alguien lo encuentre algún día, y sepa lo que estoy pasando.

Me crié al sur de Sofia, en Rumanía, viendo como las fuerzas de mi madre se desvanecían día a día, al igual que las de mi padre en mi juventud. Tuve que buscarme la vida a mis cinco años de edad, huérfano, solo, sin el apoyo ni amor de una madre. A mis diez años, trabaje para un panadero gentil, quien me educó y crió como si fuera su propio hijo, ya que nunca se casó. Cuando cumplí mis quince años, mi "padre" el panadero en sus últimos días, me rogó que aceptara un gran regalo que tenía para mí, ya que la vida me había tratado tan mal, él pensaba que ya era hora de que las cosas me fueran bien. Me dió sus ahorros de toda una vida y un billete de tren hacia España junto con estas palabras:


-Quédatelo, en mis condiciones ya no me servirá mucho. Quiero que, aunque tu infancia no fuera la mejor, tu futuro sea el mejor de todos, y vivas una buena vida.

Te deseo lo mejor.


Y con mucho pesar, viaje hasta España.

En cuanto llegué, todo era más complicado de lo que yo pensaba. La gente era muy mala, me despreciaban por lo que era, por donde venia, por mi apariencia... Todo era motivo para tratarme mal, para gritarme, echarme o incluso agredirme. Recuerdo una vez, en la que tube que ponerme a pedir limosna en la puerta de un supermercado, cuando vinieron dos jóvenes, con caras burlonas, y sin motivo aparente comenzaron a arrojarme piedras.

No lo entiendo.

Me he visto obligado a tener que construir una casa como he podido a base de cartones, listones de madera podridos y demás materiales de pésima calidad, donde me encuentro ahora mismo, notando como mi cuerpo se apaga poco a poco.

Nunca he hecho nada malo, porque la vida me trata como si lo hubiera hecho?

Mi quijote:

Hubo una vez, en época de doncellas y caballeros, caballos y espadas, duendes y hadas, una mujer ermitaña, aislada del mundo casi por completo, inmersa en sus asuntos. Vivía en una pequeña cabaña en el bosque con su sobrino, Jefferson, de pelo y ojos muy claros, de rostro angelical, el cual si no fuera por esta mujer sería huerfano, puesto que era la unica familia que poseia el muchacho.
La mujer, de nombre Kassandra, tenía muy mala fama en la aldea. Se rumoreaba que era bruja, debido a que, a menudo, los leñadores, cuando pasaban por los alrededores de la cabaña, divisaban mucho humo de su chimenea, y a veces, incluso de colores.
A Kassandra le encantaba experimentar con plantas curativas, helechos e inmensidad de especies de plantas, creando asi pociones y demas jugos misticos por el estilo.
Un día, la intrépida anciana decide hacer una expedición hacia tierras lejanas, en busca de plantas y helechos diferentes a los que recogía por su zona. El joven muchacho, al cual la mujer no estaba muy convencida de que la acompañara, tras largos momentos de suplica por parte de este, accedió a llevar consigo al niño.
Kassandra se reunió provisiones y demás útiles que poseía, pero no eran suficientes, así que tuvieron que acercarse a la aldea a por provisiones. Las gentes del pueblo la observaban con temor, ya que decían las malas lenguas que podía convertirse en horribles bestias si se le antojaba. Todo el mundo se apartaba su paso.
Al día siguiente al amanecer, partirían para vivir su aventura.

Entrevista al caballero manchego:

En proceso...
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